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14 jun 2008

CUENTO: LA AMISTAD

Érase una vez un rey africano, al que le gustaban mucho las mujeres y que tenía un amigo íntimo que le aconsejaba siempre que disminuyera su gusto por las mujeres, pero al rey no entendía lo que quería decir su amigo con este consejo. Un día, una mujer muy guapa entró en su palacio. Cuando la vio, les preguntó a sus consejeros:
- ¿Quién es la mujer que está ahí?
Uno de los consejeros le respondió:
- ¡No robe! Es la mujer de su amigo.
Y se preguntó el rey:
- ¿Cómo es posible que mi amigo tenga una mujer tan guapa y yo no lo sepa?
En aquel momento el rey decidió de enviar a su amigo a un pueblo que estaba muy lejos y por la tarde, es decir, que él tenía que regresar el día siguiente y se fue a la casa de su amigo. La mujer, que era muy inteligente, le hizo un recibimiento muy bueno y le preparó una cena deliciosa. Cuando terminaron de cenar, ella se sentó al lado del rey para hacerle el té. En aquel momento la conversación empezó y el rey le dijo:
- Cuando te vi por primera vez, no pude resistir la atracción hacia tu hermosura.
- Te amo mucho un amor como…., quiero que nos conocemos un conocimiento como…
- No es posible, esto no puede ser. Usted es el jefe y amigo de mi marido.

El rey decidió entrar en acción, pero sin obtener nada y la mujer le dijo:
- Le digo que no, lo que piensa usted no puede ser. Lo que debe hacer es impedirme que haga algo mal, pero hacer cosas malas con usted no es posible.
Como no obtuvo nada, el rey decidió volver a su palacio. Afortunadamente, el amigo del rey regresó aquella misma noche. Cuando volvió, no entró en la casa, sino que se quedó en la puerta y escuchó casi toda la conversación. Cuando el rey salió de la casa encontró a alguien en la puerta y le preguntó:
- ¿Quién es?
El hombre respondió:
- Soy yo.
El rey le preguntó:
- ¿Hace mucho tiempo que estás aquí?
El hombre le contestó:
- Sí.
El rey siguió su camino y su amigo entró en la casa con una idea en la cabeza.

Al día siguiente, el amigo del rey cambió sus costumbres y comenzó a duplicar todos los regalos que le había dado a su mujer, hasta llegar a uno que no suele gustar a las mujeres. A las mujeres les gusta tener muchas ropas y mucho dinero, pero dos camas en una habitación no hay mujer africana que lo acepte, así que su mujer no pudo suportar está situación y decidió contárselo a su padre. Cuando lo vio, le dijo:
- Papá, no estoy casada.
Su padre le preguntó:
- ¿Por qué no estás casada? ¿Tu marido no te compra ropa? ¿Tienes hambre allí?
La esposa le contestó:
- No me fui de casa para casarme porque me faltara ropa o tuviera hambre.
Su padre le preguntó:
- ¿No duerme en tu cama?
La esposa le respondió:
- Eso es.
Y el padre dijo:
- Entonces, dile a tu marido que le espero en el palacio del rey.
Al cabo de tres días el padre de la esposa, el esposo “el amigo del rey”, se reunieron en el palacio real. En la reunión, fue el padre de la esposa él que empezó a hablar, diciendo:
- Quiero decir a su majestad que su amigo me vino un día y me dijo que querría una tierra para cultivar, y que yo le respondí que había dado casi todas mis tierras, pero aún me quedaba una tierra que estaba llena de árboles y nunca ha sido cultivada. Él aceptó la tierra, cortó los árboles y regó, cultivó y plantó hasta el día de la recolecta de las frutas, pero entonces él no quiso recoger las frutas, y yo no lo di esta tierra para que los pájaros se la comieran.
El rey le dijo a su amigo:
- Has escuchado todo lo que ha dicho el padre de tú esposa. ¿Qué le vas a contestar?
El amigo del rey contestó:
- Cuando recibí la tierra era como un bosque. Corté todos los árboles, cultivé, regué, planté y vigilé, hasta el día de la recolecta. Entonces, encontré un león en el centro de la tierra, y yo no quiero compartir nada con el león.
El rey le preguntó:
- ¿El león ha hecho algún movimiento extraño? ¿Ha roto las frutas?
El amigo le contestó:
- No, no ha tenido tiempo para hacer nada de eso.
Y le dijo finalmente el rey:
- Vuelve a tu tierra, el león estaba solamente de paso.


Un cuento de Sukara SY, traducido por N’GAIDE Ousmane.

14 abr 2008

Cuentos en cinco minutos


Inspirados en el cuento de Bernardo Atxaga, "Para escribir un cuento en cinco minutos", nos hemos animado a intentarlo:

"Había una vez un joven que decidió viajar a un pueblo muy lejano. Antes de irse confió sus trozos de oro a un viejo muy justo.
Después de muchos años volvió de su viaje y se dirigió a la casa del viejo para tomar sus pepitas. Pero, cuando llegó, se sorprendió mucho porque el viejo negó que le hubiese depositado ningún trozo de oro. El joven se extrañó mucho de ese comportamiento, se enojó y presentó una querella contra el viejo. Se presentaron los dos ante el tribunal y el juez les preguntó sobre sus pleitos. Empezó por el viejo y le pidió que hiciese un juramento para demostrar su inocencia. Mientras el viejo hacía su juramento apoyándose sobre su bastón, el juex observó que el bastón era muy macizo y le pidió que se lo diese. Lo partió en dos y cayeron los trozos de oro sobre el suelo. El viejo se escandalizó mucho y el juez lo condenó. El joven recuperó finalmente el oro."

Mohameden